| LA
CIENCIA
DEL SUEÑO

Título original:
La science des rêves
Director: Michel Gondry
Guión: Michel Gondry
Año: 2006
Nacionalidad: Francia / Italia
Duración: 105'
Intérpretes:
Gael García Bernal
Charlotte Gainsbourg
Alain Chabat
Miou-Miou
Pierre Vaneck
Emma de Caunes
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Sin
haber dormido mucho me acerqué al cine Renoir Floridablanca (Barcelona)
a ver la última película de Michel Gondry. No sé
si es el mejor estado, pues al no dormir mucho tampoco se sueña
mucho. Y de los sueños trata esta película.
Nada más empezar vemos como Stéphane (Gael García
Bernal) nos explica desde su cabeza mientras duerme como se cocinan los
sueños. Si los surrealistas de los años 20 del pasado siglo
encontraron que la mejor forma de plasmar los sueños en pinturas
era usando un fondo desértico donde colocar todas sus ideas, Michel
Gondry nos presenta la visualización de un sueño a través
de un croma de un ficticio plató televisivo. Viene a ser la misma
idea de un fondo vacío donde se van colocando los elementos que
se ven en los sueños de Stéphane.
Y eso es lo que vemos durante toda la película, la vida según
la ve Stéphane, es decir del propio Gondry, a través de
sus sueños. Confundiendo realidad con sueño hasta que se
llegan a fundir en una misma cosa. Stéphane es sonámbulo
y no confunde sus sueños con la realidad si no todo lo contrario.
Confunde la realidad con sus sueños.
La película tiene una estructura parecida a su anterior film, ¡Olvídate
de mi! (sí, la traducción literal de Eternal sunshine of
the spotless mind). Cambiando los recuerdos por sueños. Cambiando
a los actores, pero con el tema del amor como principal tema.
Stéphane llega a París desde México engañado
por una oferta de empleo que le consigue su madre (la francesa Miou-Miou).
No es lo que espera, es un trabajo de maquetador aburrido y sin ningún
tipo de creatividad, justo lo contrario de lo que le habían prometido.
Donde conoce a una serie de variopintos personajes. Siendo Guy (Alain
Chabat) el que más amistad hará con nuestro protagonista.
Y como he dicho el argumento principal es el amor, cuando conoce a su
vecina Stéphanie (Charlotte Gainsbourg) que también goza
de una gran imaginación, lo cual hará que conecten rápidamente.
El tira y afloja entre ver si la relación fructificará realmente
hace avanzar la película entre sueño y sueño de Stéphane
hasta confundir prácticamente que parte es realidad y que es sueño.
También ayuda a esto el modo de filmar, cámara en mano,
y cada vez que avanza la película con planos más cortos,
con escenas más surrealistas en la vida real: Guy y Stepháne
paseando por las calles con un televisor en brazos para tirarlo a un río,
la fiesta en la que celebran la publicación de sus ilustraciones
(aún dudo si es un sueño que se convierte en realidad, o
solo se queda en sueño).
Quizás eso haga que se resienta un poco el ritmo de la película,
mucho más entretenido al principio, con una presentación
de personajes y situaciones. Con un guión de lo más divertido.
Y al final, se va acercando a un tono más melancólico y
difuso, como un sueño. Es coherente con lo que nos quiere contar
Michel Gondry, una parte de su vida antes de dedicarse al cine y su mala
suerte con las mujeres (según propias palabras del director).
No es dificil sentirme identificado
con esta película, al igual que cualquier ex estudiante de arte
que esté realizando un trabajo poco creativo como es el de maquetador.
Desgraciadamente la mayoría nos quedamos maquetando 8 horas al
día bajo una luz de florescente comprando lotería para mejorar
nuestras mediocres vidas y no conseguimos llegar a dirigir estupendas
películas como esta.
Uno de los principales reclamos y recuerdos que quedará de esta
película es su artesanal forma de hacer los efectos especiales.
Todo hecho a la vieja usanza, con fotomontaje, collage y fotograma a fotograma.
Algo difícil de ver en el cine comercial de hoy en día.
Y para aquellos que nos gusta la ilustración, lo artesanal es siempre
de agradecer.
Seguramente sea una de las mejores películas del año, como
lo fue ¡Olvídate de mí! en el 2004. A pesar de que
la resolución de un film surrealista como este no deje satisfecho
a todo el mundo, no en vano un anciano espectador autóctono del
casco antiguo de Barcelona se fue indignado y gritando: ¡Vaya mierda
de pareja! ¡Vaya mierda de película! Haciendo de la proyección
algo más surrealista si cabe.
Lluís Alba |