| GRINDHOUSE:
DEATH PROOF
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Una sesión
doble que debió verse en tres horas, ha tardado cuatro semanas
en ser completada en nuestro país.
Después de la genial Planet Terror, esperaba con ansiedad la
segunda mitad del proyecto Grindhouse. Todo el mundo hablaba que la
película de Tarantino era, sin duda, mejor que la de Robert Rodríguez.
Algo que parecía lógico viendo el currículum general
de ambos directores.
Una expectativa creada que, finalmente, ha acabado produciendo una decepción.
Creo que el verdadero espíritu del proyecto se lo ha llevado
Robert Rodríguez. Quizás con menos personalidad que Tarantino
supo crear unos personajes y una serie de situaciones que hacían
disfrutar de la película desde el primer al último minuto.
Sin embargo en Death Proof, la mayor parte del metraje es más
un homenaje a su propio cine que a las películas de los 70.
Sin haber visto la versión original del film, de menor duración,
seguramente la parte que más se haya alargado sea la de los diálogos
interminables entre las protagonistas de la primera parte del film.
Pues esta película es básicamente chicas hablando, hablando
y hablando sin parar. Con diálogos made in Tarantino, a los que
nos tiene acostumbrado, pero, desgraciadamente, la mayor parte de ellos
(en su primera mitad) carecen del entretenimiento, gracia y chispa que
podíamos encontrar en otras de sus películas. Diálogos
más cercanos a una mala adaptación de una novela de Lucía
Etxebarría.
Por suerte, la película, también nos ofrece al mejor Tarantino
rodando escenas de acción cuando rinde homenaje a las películas
de persecuciones en coche. Y todo gracias a la aparición del
personaje central de la película el especialista Mike, interpretado
por un gran Kurt Russell, dando lo mejor de sí mismo. Primero
con apariciones inquietantes presagiando a uno de los serial killer
que pasará a la historia del cine, lo vemos en las sombras de
su coche, en un primer plano de espaldas en el bar. Cuando se nos descubre
como el asesino que estábamos esperando, con una secuencia nocturna
en carretera que crea tensión, Quentin Tarantino da rienda suelta
a su destreza, con una secuencia muy propia de él, mostrándonos
una colisión entre vehículos cuatro veces, una por cada
punto de vista de las chicas que montaban en el coche.
Un parón en el hospital que vimos en Planet Terror (con la aparición
de Marley Shelton dando vida a la doctora del film de Rodríguez)
nos sirve para dar paso a la segunda parte del film. Protagonizada por
otro grupo de chicas, esta vez, especialistas de cine. También
con diálogos interminables, pero por suerte bastante más
entretenidos que los del principio.
Seguramente las referencias a films y situaciones relacionadas con el
mundo del cine, conecten mejor con el espectador y, posiblemente, con
el propio Tarantino y su mundo. Con un plano secuencia en un bar con
las chicas conversando, prácticamente calcado al famoso inicio
de Reservoir dogs.
Situaciones triviales que dejan paso a la gran persecución de
coches del tramo final. Lo mejor, sin duda, de la película. Rodada
sin efectos generados por ordenador, como se hacía hasta Terminator
2, se presenta como el auténtico homenaje a famosos films de
los 70, como menciona Tarantino: Bullit o French Connection. Y alguna
de las partes incluso recuerda a Los locos del Cannonball.
En esta película con mayoría de personajes femeninos,
Tarantino rinde homenaje a los especialistas y dobles. Así aparece
Zoe Bell haciendo de sí misma, la doble de Uma Thurman en Kill
Bill.
Y, entre los cameos, encontramos al propio Tarantino, a su colega Eli
Roth y personajes de Planet Terror como las gemelas Avellan.
Seguramente este segmento de Grindhouse haya sido el más dañado
por la separación de ambos films por parte de los productores.
Pues el metraje añadido entorpece más que aporta. Un proyecto
perdido en Europa, no sólo por su separación, si no también
por la extirpación de los fake-trailers, sólo visibles
(de momento) en la red.
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Lluís
Alba
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