|
|
| ESCONDIDOS EN BRUJAS
|
Tengo cierta debilidad por las películas resultantes de una cierta combinación: La unión de un determinado género con un fetiche personal del director o del guionista (responsable en primera instancia del argumento). Es el caso de Escondidos en Brujas. Brujas, para el que no lo sepa, es una curiosa ciudad del norte de Bélgica que parece salida de un cuento, la gente se mueve en bici, hay muchos canales y puentes, las calles son medievales, suele hacer frío, en invierno se hace de noche a las cuatro de la tarde(!) y, por lo visto, es conocida como “la Venecia del norte”. Una ciudad especial. Eso mismo piensa Harry (Ralph Fiennes) cuando envía a sus dos matones Ken (Brendan Gleeson) y Ray (Colin Farell) a Brujas a la espera de una nueva misión sobre la cual no saben nada. Esa misión y un terrible secreto que esconde Ray son el enigmático comienzo de un film que nunca decepciona. Lo que sigue a continuación es una combinación de thriller – comedia – melodrama mezclado por el director y guionista Martin McDonagh de forma tan brillante como aparentemente sencilla. La mezcla recuerda a Pulp Fiction o Snatch: Cerdos y diamantes, sólo que aquí el resultado no es tan trivial. Me refiero, por ejemplo, a que los dos asesinos reflexionan sobre la naturaleza de sus acciones o a que la violencia no está mostrada como algo divertido, sino como algo que pesa y que trae consecuencias. Así pues, retomo lo que decía en el primer párrafo con una pregunta: ¿Puede un creador dejar de crear? Imposible. Por eso Martin McDonagh pensó, cuando pasó un fin de semana en Brujas, en una historia ambientada en sus calles y sus plazas. ¿Un thriller en Brujas? El resultado son disparos y persecuciones marcadas por el escenario en el que suceden, que marcan un tono y un ritmo distinto del que hubiéramos visto si la acción transcurriera en Los ángeles o París. Así pues el thriller es el género y Brujas es el fetiche. Se une el género, y sus reglas habituales, con la ruptura que propone la expresión artística de una experiencia personal (la esencia del cine). Además, si hiciéramos una crítica “como las del cole”, es decir apartado por apartado, esta se saldaría con un excelente en la mayoría de ellos. Las imágenes son bellas, los actores están esplendidos y el guión es buenísimo. De esta forma Escondidos en Brujas se une al selecto grupo de películas de acción entretenidas y con un cierto contenido (en las cuales también había dejado de creer, como sugiere el jefe Lluis Alba en la crítica de Hellboy 2). Un divertimento que no ofende, sino todo lo contrario.Alex Martínez Ruano |