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Según
la crítica especializada y profesional estamos ante una obra
maestra. Casi lo mejor que le ha ocurrido al séptimo arte en
los últimos 30 años. No seré yo quien niegue las
cualidades de la película, pero este es un tipo de films que
jamás suelo ver, ya sea porque no son de mi agrado o porque soy
poco sensible a gustos tan refinados.
Dicho esto, lo que sí pude apreciar desde el principio, es que
todo lo que sale en la película está magistralmente realizado:
Fotografía, ambientación, guión, actores etc...
Es decir no estaba tragándome una mierda para tontos como, desgraciadamente
nos tiene acostumbrados Hollywood en general. Por supuesto esto no es
Hollywood, pero sí que parece tener todas las papeletas para
estar nominada en las principales categorías de Los Oscar de
este año (si la huelga de guionistas permite que haya ceremonia),
y Keira Knightley parte como favorita para ganarlo.
Del director, Joe Wright, sólo conocía (de oídas)
su película Orgullo y prejuicio, basada en una novela de Jane
Austen. Esta vez es una novela contemporánea, escrita por Ian
McEwan, la escogida para trasladar en imágenes. Por declaraciones
del director, él y su guionista han sido totalmente fieles al
texto original, algo que no puedo corroborar porque también desconocía
que existía esta novela.
Pero dejo de hablar de lo que no conozco, para hacerlo a lo que sí
he visto. Y es difícil hacerlo sin desvelar nada de la trama.
Ambientada en 3 épocas, la principal en 1935, en la que vemos
a una familia de clase alta, los Tallis. En la que la hermana mayor,
Cecilia, empieza a tener un romance con el hijo de una empleada. Todo
esto es visto por los ojos de la hermana menor Briony Tallis, de 13
años, aspirante a escritora y de gran imaginación. Así
vemos secuencias bajo el punto de vista de la niña, en las que
parece una cosa, y, después, vistas desde un punto de vista adulto
en la que nos damos cuenta de que una misma acción es muy diferente
según la perspectiva que se mire.
Y básicamente de esto trata la película, de la importancia
del observador, del narrador. Una misma historia puede cambiar radicalmente
según quién la cuente, o en que momento de su vida la
cuente.
Seguramente toda la parte que pasa en 1935 es la más interesante.
Después da un salto de 5 años, con Inglaterra metida en
plena 2ª guerra mundial, en la que hay un largo recorrido por la
vida de unos soldados en el norte de Francia. Quizás por ser
tan fiel a la novela han mantenido tan extensa esta parte, aunque es
importante para la historia, hace que decaiga un poco el ritmo y aburra
durante unos minutos. Por suerte no es mucho el metraje y en esta parte
encontramos una de las imágenes más impactantes, como
el plano secuencia rodado en una sola toma con más de 1.300 extras.
Pasando este tramo la película vuelve a remontar el vuelo en
la parte que vemos a Briony con 18 años hasta el espléndido
final en el que aparece Vanesa Redgrave como una anciana Briony en nuestros
días.
¿Es una obra maestra? No tengo ni idea. Pero para el espectador
que le apetezca reflexionar después de ir al cine, y no sólo
piense en evadirse, se encontrará con una de las mejores películas
de este año.
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Lluís
Alba |