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AGUJAS

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Con 2 años
de retraso nos llega a las carteleras esta película compuesta
por tres historias con el SIDA como hilo conductor.
Se estrenó en el festival de Toronto del 2005 con buena acogida
por parte de la crítica. Su director, Thom Fitzgerald, nacido
en Nueva Jersey pero afincado en Canadà, donde suele tener buenas
críticas y cierto prestigio. Pero fuera de ahí su repercusión,
es casi nula.
3 agujas es su película más conocida hasta el momento.
Ha conseguido reunir a un reparto de caras conocidas gracias al tipo
de proyecto. Pues han tenido que rebajar su caché para poder
participar en el film: Chloë Sevigny (la musa indie por excelencia
desde Kids), Lucy Liu, Shawn Ashmore (Bobby Drake en X-men), Olympia
Dukakis, Sandra Oh (vista en la, primero, sobrevalorada y, después,
vilipendiada Entre copas), Stockard Channing (inmortalizada para siempre
por ser Rizzo en Grease).
Podría decirse que es similar a Babel, pues nos muestra un mundo
globalizado, esta vez por una enfermedad mundial. Aunque aquí
sus tres historias son independientes. Primero vemos la protagonizada
por Lucy Liu en la China rural, dónde interpreta a una mujer
embarazada que va comprando sangre por los pueblos. Y como una aguja
infectada es la responsable del contagio masivo en uno de los poblados.
Después está la historia protagonizada por Shawn Ashmore,
en la que es un actor porno en Canadá afectado de SIDA y tiene
que hacer trampas para pasar los controles. Y, finalmente, la protagonizada
por Chloë Sevigny en Sudáfrica, una monja que se sacrifica
para cuidar a niños y enfermos.
El gran mérito de esta película es volver a poner el SIDA
en primer plano en los tiempos actuales. Una enfermedad de la que no
se paraba de hablar en los 80, pero poco a poco a quedado diluida en
los medios de comunicación, y casi parece que no exista. Por
eso es importante que haya películas como esta, aunque, desgraciadamente,
no tendrá una gran repercusión en el público en
general al ser una película minoritaria, de las que la gente
rehuye porque prefiere el cine como evasión y no como reflexión.
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Lluís
Alba |