TIDELAND


Título original: Tideland
Director: Terry Gilliam
Guión:
Tony Grisoni y Terry Gilliam

basada en la novela de Mitch Cullin
Año: 2005
Nacionalidad: USA
Duración: 122'

Intérpretes:
Jodelle Ferland
Janet McTeer
Brendan Fletcher
Jeff Bridges
Jennifer Tilly
Dylan Taylor
Wendy Anderson
Sally Crooks
Wendy Anderson



 Con dos años de retraso, por fin se estrena la última película del ex Monty Python, Terry Gilliam.
Y nada como una calurosa mañana de junio para protegerse del sol a la sombra del cine Icaria. No sólo es una película extraña, si no que al llegar en mi Seicento rojo a la avenida Icaria, empecé a notar que había algo extraño en las afueras del cine. Normalmente, un domingo por la mañana es una avenida solitaria y con muchos espacio para aparcar. Sin embargo, esta vez, el tráfico de vehículos y de humanos era mayor del habitual. Y lo peor... no había ni un hueco libre para estacionar. Por suerte había trabajado por la zona y conozco unos truquillos para encontrar aparcamiento. Al bajar del coche me di cuenta de que la mayoría de personas iban ataviadas con gorros, gafas de sol, toallas, sombrillas... ¡Mierda!, la playa está al lado del cine, así que se me acabó el chollo de aparcar en la puerta hasta que finalice el verano.

 Entré en la sala 5, en cuya pared se sostiene una de las pantallas más ridículas de todo del multisalas. En cualquier caso, es mayor que el televisor de mi casa, así que me repetí para mis adentros: es mejor ir al cine que verla en casa, es mejor ir al cine que verla en casa.

Polémica en su día porque en el festival de Cannes, la mitad de la sala, críticos incluidos, se marcharon sin finalizar el film. Y en la rueda de prensa posterior, Terry Gilliam se despachó a gusto con los que abandonaron la sala. En mi opinión con bastante razón, pues en un estreno de estas características es de mal gusto no ver la película entera, después que cada uno la valore como quiera.

 Y no menos polémico es su argumento, Jeliza-Rose, una niña de 10 años, vive con sus padres drogadictos. Tras morir su madre, se va a vivir con su padre (Jeff Bridges) a la casa abandonada de su abuela, pero al poco tiempo de llegar muere su padre de sobredosis. La niña debe afrontar la nueva situación con su imaginación, canalizada a través de cabezas de muñeca a las que ella dota de diferentes personalidades. Y de su interrelación con Dell y Dickens, los dos vecinos más cercanos, no muy sanos mentalmente. Dell, viste como una bruja con velo y tiene un ojo muerto, y Dickens fue lobotomizado a causa de su epilepsia.

 Polémicas son sus secuencias de inicio, en las la niña es la encargada de prepararle la droga a su padre y aguantarle la jeringuilla cuando este empieza su viaje. Incluso más polémicas son las secuencias en las que se besan Dickens y la niña, o esta quiere ver el “secreto” de Dickens. Pero seguramente los que se marcharon de la sala no llegaron a ver esto. Aunque a mi me haría pensarlo dos veces antes de contratar como canguro al director.

 Basada en una novela de Mitch Cullin, narrada por la niña, en su adaptación cambia un poco el estilo para no tener una voz en off durante todo el metraje. Pero sí que sigue el punto de vista de la niña, y vemos con ella todo lo que le ocurre. Así podemos ver algunos sueños suyos en las que se nos muestran imágenes oníricas, las más estimulantes de la película, como son las de un océano inundando el prado y la casa, o en la que Jeliza-Rose cae en la madriguera como Alicia en el País de las maravillas.

 Y tiene mucho que ver con la novela de Lewis Carroll, tanto por estar protagonizada por una niña, como por el viaje que emprende y va conociendo seres extraños en un mundo de fantasía.
En una entrevista reciente, Terry Gilliam dijo que cuando se es un niño se tiene toda la vida por delante, y todos los proyectos que se pueda imaginar son enormes. Pero cada vez que uno se hace más mayor los proyectos dejan de ser posibles y todo se hace más pequeño y más dificultoso de hacer hasta que llega un día que ya no puede hacer nada.

 Y esto es parte importante del film. Pues los adultos son una caricatura de la parte más degradante a la que puede llegar el ser humano. La madre, sólo hace que estar estirada comiendo chocolate y metadona. El padre, antiguo rockero, sólo parece realizado cuando se droga. Dell, es la más entera de los adultos, aún así vive amargada por un engaño amoroso de joven, con un carácter irascible, cambiante como el de un psicópata.

 Y, finalmente, Dickens, el adulto más humanizado de todos, pues al estar lobotomizado, ha quedado con un evidente retraso mental, que le hace actuar todavía como un niño, pero como un niño que se ha quedado estancado y jamás saldrá de dicha etapa.
En contraste, está Jeliza-Rose, todavía una niña con un mundo por delante, con proyectos a su alcance. Se nos muestra como las más capacitada para todo, en contraste con sus padres que son meros desechos de la sociedad.

 Aunque en la vida real, no todos estamos en el punto exagerado y caricaturizado como se presenta a los adultos de este film. En el fondo estamos más cerca del acartonamiento de lo que queremos creer. La mayoría nos hacemos adultos el día en que descubrimos que la mayoría de sueños y proyectos que teníamos en la infancia son imposibles de conseguir, y seguimos viviendo en una frustración constante hasta la muerte.


Lluís Alba