WALL·E

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Hoy me despertado escéptico. No ser Pixar-creyente puede ser peligroso en los tiempos que corren, puede venir un exaltado y arrearte un mamporro en cualquier momento. Hay que andarse con cuidado.

Parece haberse convertido en una insana costumbre que nos lleguen películas de USA con una etiqueta enganchada que pone “Obra Maestra”. De que eso se generalice se encarga la propaganda y algunos telediarios, de este modo se asimila y película y etiqueta quedan fusionadas. Entonces, ¿quién es ahora el listo que se atreve a señalar ciertos matices? Cada vez estoy más convencido de que la publicidad matará al cine (y de paso todo lo demás). En lo que va de año llevamos tres presuntas obras maestras, a saber: No es país para viejos , El caballero oscuro y Wall-E . No discuto que sean grandes películas, sólo quiero poner el acento en que, como espectadores (o como ciudadanos sin más), deberíamos hacer un esfuerzo en cuestionarnos ciertas verdades. Digo esto porque no todas las películas de Pixar son brillantes, es duro aceptarlo pero es así, algunas son simplemente pasables. Puede que Buscando a Nemo fuera muy buena pero tópica en su parte final, puede que Ratatouille estuviera cocinada con un guión poco trabajado lleno de clichés desconcertantes, incluso puede que la segunda parte de Toy Story fuera un pelín innecesaria… Puede, sólo digo puede.

Con este panorama nos llega Wall-E , la historia de un entrañable robot al que nadie desconectó cuando los seres humanos abandonaron el planeta. Algo diferencia la primera hora de Wall-E de todo lo que había hecho Pixar con anterioridad: La disposición de transmitir en imágenes algo que no sea únicamente humor. Me refiero a la sensación de estar ante una animación para adultos, con un ritmo y unos detalles alejados del cine para niños. Me refiero, por ejemplo, a un arranque de película en el que no hay diálogos, donde abundan detallitos que no cuentan la historia presente, sino que explican lo que ha pasado en la Tierra y por qué Wall-E está solo: Las montañas de basura apilada como rascacielos que aluden al paso del tiempo, cientos de carteles publicitarios que invaden cada plano en alusión al consumismo de la desaparecida humanidad, el silencio absoluto, la basura espacial en órbita alrededor de la Tierra, la ausencia de árboles, las autopistas abandonadas… En definitiva, una estructura (por fin) compleja, con huecos que debemos rellenar, un modelo de animación nuevo para Pixar, un paso adelante.

Cierto día, llega otro entrañable robotito llamado Eva al planeta y empieza una secuencia de manual: Wall-E quiere ser su amigo pero Eva se muestra reacio, obviamente la simpatía de Wall-E conseguirá ganarse su confianza y hacerse su amigo. Aunque es una secuencia tópica los artistas animadores saben dar credibilidad a esta parte del relato. Sobretodo gracias al impecable diseño de ambos robots y en parte a una serie de secuencias divertidas, pero eso no evita que empieces a pensar que Pixar ha perdido su propia estela (la que inició al principio).      

Es luego, al llegar Wall-E a la nave de los humanos, cuando todo se va al traste. La crítica inicial persiste (los humanos son ahora unos gordos bebedores de refrescos) y hay alguna secuencia descacharrante (como el manicomio de robots) pero todo es más burdo y apresurado, un pastiche lleno de ideas mal desarrolladas y tópicamente resueltas. Por ejemplo, los humanos son convencidos muy fácilmente para volver a la Tierra hasta el punto de vitorear a coro el nombre de Wall-E en la lucha final contra la nave (homenaje a HAL 9000, incluido), cosa extraña ya que ni le conocen a él ni conocen el planeta. El ritmo se vuelve atropellado y, en consecuencia, aburrido. Además, al final hay una curiosa concesión al “happy end”, es cuando se funden los circuitos de Wall-E y Eva se ve obligada a cambiarle la memoria. Lógicamente al cambiar sus circuitos éste pierde su personalidad, sin embargo esto sólo dura unos instantes ya que, por arte de magia la recupera y todo acaba con un beso. Elementos que distorsionan la imagen que nos han vendido de la película (¿no era una obra maestra?) hay bastantes más pero destacaré una que me sorprende: La exploración de Eva en el planeta tiene como objetivo encontrar vida vegetal para ello le envían a una gran ciudad de Estados Unidos. No parece el mejor sitio, ¿verdad? ¿No había un lugar más adecuado para tal objetivo? ¡Ah! Entonces encontramos el verdadero mensaje de la película: ¡Estados Unidos es el planeta!

Alex Martínez Ruano