Wonderful Town está ambientada en una pequeña aldea tailandesa asolada por el tsunami de
2004, a la que se traslada un arquitecto de Bangkok para supervisar las obras de reconstrucción de
un hotel. Instalado en el único hotel que queda en pie, su interés por la propietaria del
establecimiento despertará la ira de los pocos habitantes del pueblo.
Detrás de esta trama
aparentemente sencilla subyace una extraña atmósfera, teñida por la tristeza de unos habitantes
que no se han recuperado de la catástrofe y que continúan caminando aturdidos, como si acabaran
de despertarse y no fueran capaces de encontrar el camino de vuelta a casa.
Unas vidas que
siguen adelante casi por inercia y que se niegan a sufrir más, aun a costa de encerrarse en sí
mismos, ajenos a cualquier novedad en su existencia. A pesar del drama latente a lo largo de todo
el metraje, Aditya Assarat nos ofrece un filme lleno de sensibilidad y belleza, magníficamente
fotografiado, que nos arrastra a los parajes de ese pueblo fantasma.