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LIVE FROM THE RELAPSE CONTAMINATION FESTIVAL
Grupo: High On Fire |
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Afianzándose cada vez más y mejor en sus abruptos esquemas recargados de infecciosa corrosión, el visceral trío estadounidense High On Fire, está demostrando que en cuanto a rugosidad y aspereza pocas bandas pueden superarlos. Si su demoledora rudeza quedó plasmada de forma explícita en turbadores trabajos de estudio como Blessed Black Wings y Death Is This Communion, ahora se nos presentan más primitivos que nunca, pero igual de convincentes, en este álbum retrospectivo, con inclusión de siete de sus más perversas y primigenias composiciones, además de la versión de Venom, Witching Hour, sin duda una de sus influencias más acusadas. Así las cosas, Matt Pike (guitarra y voz), Des Kensel (batería) y, en aquellos momentos, George Rice (bajo), (posteriormente sustituido por Joe Preston, y este, a su vez, reemplazado por Jeff Matz en la actualidad), nos ofrecen un puñado de canciones envenenadas, con la crudeza añadida que permite el directo. Un elemento adicional que extrema la virulencia habitual de las estructuras por las que circulan los sonidos de High On Fire. Aquí, hay que dejar de lado posibles prejuicios sobre las leyes de la distorsión, porque los parámetros a medir quedan fuera de cualquier limitación. El libertinaje caótico de los ritmos, la aparente sensación de descontrol, la afinación barriobajera y los alaridos histéricos forman un universo rompedor y otorga un especial carácter a las canciones ejecutadas por estos fabricantes de rugidos crispantes. La grabación, procede de una actuación que el grupo californiano realizó en 2003, en el The Relapse Contamination Festival, por lo tanto, la composiciones que se incluyen son, mayoritariamente, de su álbum de 2002 Surrounded By Thieves: Nemesis, Razorhoof, Speedwolf, Eyes And Teeth y Hugh, Draw And Quartered. Luego está Blood From Zion de su debut, The Art Of Self Defense (2000) y To Cross The Bridge, adelanto que se incluiría en Blessed Black Wings (2004), además de la mencionada versión de Venom, muy certeramente interpretada. Estamos hablando de un apocalíptico viaje al infierno. No es un material para maniáticos de la pulcritud sonora. Aquí, la producción parece haber sido dirigida desde la alcantarilla más putrefacta. Pero esa suciedad lleva implícita la marca de fábrica de High On Fire. Y, se debe reconocer que, para tratarse de un producto que juega con las estridencias más indigestas y difíciles de controlar, registra un sonido claramente identificable con su historial en estudio. |
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