KINGDOM OF SORROW

GRUPO: Kingdom Of Sorrow
TÍTULO: Kingdom Of Sorrow
PAÍS: Estados Unidos
AÑO: 2008
DISCOGRÁFICA: Relapse Records
PUNTUACIÓN: 8,5


Kingdom Of Sorrow, es un proyecto sacado adelante por Jamey Jasta (Hatebreed, Icepick) y Kirk Windstein (Down, Crowbar). Entre ambos surgió una amistad que se tradujo en una química perfecta para adentrarse en una nueva aventura musical, el primero haciéndose cargo de las voces y el segundo como guitarrista. Además, como si su background no fuera suficiente garantía, completaron la banda con el guitarrista Steve Gibb (Crowbar y ex Black Label Society); el batería Derek Kerswill (Seemless, Unearth) y el bajista Matthew Brunson. Un equipo altamente competitivo que ha facturado un álbum de aplastante sonoridad.

Los parámetros por donde circulan las composiciones de King Of Sorrow, se basan en un granítico muro metálico mezclado con aristas hardcore y toques de sludge que aportan cierto aroma sureño. De esta forma, nos encontramos ante unos registros vocales cuyas influencias más cercanas las podemos encontrar en Phil Anselmo, aunque con unos puntos más de agresividad; unas guitarras que marcan un musculoso protagonismo, sin olvidar la presencia de crujientes solos incrustados en el corazón de algunos temas y una dinámica rítmica que, al igual que nos rocía con veloces ráfagas energéticas, nos puede sumergir en atmósferas cadenciosas de palpitaciones remarcadas.

Kingdom Of Sorrow, mantiene las referencias de los grupos de procedencia de sus integrantes, pero han conseguido abrir una brecha por donde buscar nuevas alternativas, en un intento de encontrar su propia personalidad y, de hecho, su ópera prima tiene suficientes argumentos como para desmarcarse de sus fuentes de inspiración y resultar de lo más convincente.

Así las cosas, no estaríamos hablando de un simple capricho, sino de algo serio que podría tener su lugar en el universo del metal contundente, si sus integrantes principales decidieran mantenerlo activo, alternándolo con sus trabajos en sus otras bandas.

De momento, Jamey, Kirk y sus colegas, han logrado insuflar una bocanada de aire fresco a las rígidas normas del estilo, aportando unos tonos graves de concepto atlético, enmarcados, a su vez, en una textura rugosa y corrosiva que destila residuos coléricos y nos sumerge en extenuantes esquemas de sombríos recorridos y cierto dramatismo lírico.

Locky Pérez