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RED PLANET MARS (1952)

In God we trust

por Lluís Alba

Red planet mars

Red planet Mars pertenece a una serie de films de temática anticomunista que se realizaron en EEUU entre finales de la década de los 40 y la de los 50 del pasado siglo.

Era una época en el que la URSS comenzaba a demostrar su poder, pues en 1949 ya se sabía que había experimentado con armamento atómico. Los EEUU creían que el avance tecnológico soviético era posible gracias a espías infiltrados en territorio norteamericano. Ante el miedo a una posible expansión del comunismo los EEUU entraron en una gran paranoia que afectó directamente al mundo del séptimo arte. La HUAC (Comité sobre Actividades Antiamericanas) redactó una lista negra de personalidades del cine que se habían negado a revelar si pertenecían o no al partido comunista. Posteriormente la acusación llegó a afectar a más de 300 artistas (directores, guionistas, actores, locutores de radio y guionistas).

Este ambiente motivó que los estudios de cine comenzaran a producir películas fervientemente anticomunistas, para demostrar que no había simpatizantes con la URSS en sus filas. Ejemplos de ello son: The red menace (ídem, 1949) de R. G. Springsteen, The red Danube (ídem, 1949) de George Sidney, Casada con un comunista (The woman on Pier 13, 1949) de Robert Stevenson, I was a communist for the FBI (ídem, 1951) de Gordon Douglas o Mi hijo John (My son John, 1952) de Leo McCarey.

En el film que nos ocupa nos presenta a Chris Cronyn, un científico estadounidense que aprovecha el invento de una válvula de hidrógeno de su homólogo nazi, Franz Calder, para comunicarse con unos posibles habitantes del planeta Marte. Sin saber que el mismo Franz Calder es ahora un prisionero de la URSS y se dedica a espiar los mensajes que recibe de los marcianos. El argumento es algo naíf, pues cada mensaje que muestra los avances científicos de los marcianos comienza a afectar al sistema capitalista hasta prácticamente derrumbarlo (con el lógico jolgorio de los soviéticos), hasta que llega la feliz conclusión en un último mensaje de tipo religioso que demostraría la existencia de Dios, logrando tanto la estabilidad en los países occidentales como que el pueblo soviético se alce ante la tiranía de los comunistas e impongan la cordura.

Como film de ciencia-ficción es una rareza para la época, pues no vemos platillos volantes, ni viajes espaciales, ni alienígenas. La mayor parte de los escenarios del film se muestran en espacios cerrados, como la base científica norteamericana, la cabaña donde trabaja el científico nazi, la sede del partido comunista soviético o la vivienda de la familia norteamericana protagonista. En cambio cuenta con unos buenos decorados y sorprende ver algunos aparatos tecnológicos que se han hecho realidad en nuestros días, como la presencia de una pantalla plana colgada en la pared de una vivienda norteamericana.

La ausencia de elementos gráficos propios de la ciencia-ficción de serie B de los 50 es compensada con la actitud pro-científica de Chris Cronyn, habitual en los films de la misma temática. Su obstinación por poner la ciencia por encima de todo, casi es la consecuente de que se desmorone el sistema capitalista, pues es quien insiste en continuar la comunicación con los marcianos pese a sus graves consecuencias.

Red planet mars

Entre los actores principales está Peter Graves, conocido posteriormente por la serie Misión Imposible (Mission: Impossible, 1966-1973) de Bruce Geller o por ser el piloto del avión en Aterriza como puedas (Airplane!, 1980) Jim Abrahams, David Zucker y Jerry Zucker. Mientras que Marvin Miller, quien da vida al agente ruso Arjenian, fue el que prestó su voz al robot Robby de Planeta prohibido (Forbidden planet, 1956) de Fred McLeod Wilcox.

No sería correcto de hablar de propaganda de estado, más bien de miedo de los cineastas para poder seguir trabajando en su país. El libreto original de John L. Balderston y John Hoare no contenía ninguna referencia comunista y localizaba toda su acción en Londres, pero la adaptación al cine escrita por el mismo Balderston y Anthony Veiller probablemente acabó convertida en un panfleto anticomunista para poder estar libres de sospecha. Balderston, que murió dos años después de la realización de este film, no necesitaba demostrar nada, pues ya había labrado una larga carrera participando en los guiones de los monstruos clásicos de la Universal de los años 30. Sin embargo Veiller podría haberse visto obligado a introducir el argumento antisoviético, pues había escrito el guión de un film de Orson Welles: El extraño (The estranger, 1946), lo que podría hacerle sospechoso de simpatizante comunista.

Aún así, visto desde la distancia, parece que en el guión haya algo subversivo contra el sistema capitalista, ya que en la primera parte del film occidente se derrumba con suma facilidad a partir de los mensajes de los marcianos.

Ni siquiera en sus tiempos el público y la crítica eran ajenos a la evidente propaganda anticomunista de estas películas. En recortes de la prensa de la época ya se hace hincapié de ello, aunque era tan habitual que no se le daba la mayor importancia. Poco a poco los mismos guionistas intentarían dar la vuelta a la tortilla con una mayor sutilidad para evitar problemas, y la ciencia-ficción también sirvió para denunciar la caza de brujas del senador McCarthy, como es el caso de La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the body snatchers, 1956) de Don Siegel.

e-mail: lluisalba@zumbarte.com